PARABOLA DUNHA NAI AMANTÍSIMA



Habíase una vez una madre amantísima que tenía dos hijos, varón y hembra, ambos en estado de merecer. Cuando les llegó el tiempo, los dos se casaron, y la madre amantísima no cabía en sí de felicidad. ¡Mucho agradezco a la Divina Providencia - decía - las bendiciones que derrama sobre mí y los míos!. Ahora vendrán los nietos, ¡qué ilusión!, y la familia seguirá perpetuándose por los siglos de los siglos, al igual que viene haciéndolo desde el origen de los siglos. La madre amantísima sumó seis nietos en tres años, la mitad de ellos de hijos de su hijo y la otra mitad hijos de su hija. Pero a los tres años la madre amantísima se dio cuenta de que, así como su hija había hecho una magnífica boda, de su hijo no podía decir lo mismo, porque la verdad era que - visto con desapasionamiento - lo de su hijo había sido un lamentable bodorrio. Mi hija se ha casado como se merece y su marido es un verdadero santo que la considera como a una duquesa; mi hija tiene dos criadas que le hacen todo, y una institutriz que le cuida los niños; mi hija se levanta a las once y no tiene ni que molestarse en dar golpe. Mi hijo, en cambio, es muy desgraciado en su matrimonio. Mi hijo se ha casado muy por debajo de sus merecimientos, y no es porque yo lo diga; su mujer es una zángana que se cree una duquesa; su mujer tiene dos criadas que le hacen todo y una institutriz que le cuida los niños; su mujer se levanta a las once y no da ni golpe. ¡Su mujer es el vivo ejemplo de lo inútil que es la juventud!."

Camilo José Cela

Recogido en La bola del mundo, Madrid: Organización Sala editorial, 1972.


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