VAI DE OFICIOS


“No desmiente la mujer gallega las tradiciones de aquellas épocas lejanas en que, dedicados los varones de la tribu a los riesgos de la caza o a las fatigas de la caza, recaía sobre las hembras el peso total, no sólo de las faenas domésticas, sino de la labor y el cultivo del campo. Hoy, como entonces, ellas cavan, ellas siembran, riegan y deshojan, baten el lino, lo tuercen, lo hilan y lo tejen en el gimiente telar; ellas cargan en sus fornidos hombros el saco repleto de centeno o maíz, y lo lleven al molino; ellas amasan después la gruesa harina mal triturada, y encienden el horno tras haber cortado en el monte el haz de leña, y enhornean y cuecen el amarillo torteron de borona o el negro mollete de mistura. Ellas, antes de que la pubertad desarrolle y ensanche su cuerpo, llevan en brazos al recién nacido, que grita que se las pela; ellas, rústicas zagalas, apacentan el buey, y comprimen los gruesos ubres de la vaca para ordeñarla; y cuando ven colmado el tanque de leche cándida y espumosa, en vez de beberla, con sobriedad singular y religioso cuidado colocan el tanque en una cesta, dirígense al mercado de la villa más próxima donde venden sus artículos, afanándose sin tregua hasta el último miserable ochavo". Emilia Pardo Bazán

 

Leiteiras de Carnota

Leiteiras no Toral



 Empregadas de Fogar 1900: “A excepción de los domingos por la tarde, en que les correspondía asueto, aquellas chicas salían siempre a la calle con delantal y una falda de vuelos sobre una saya igualmente vueluda. De cintura para arriba vestían con chambra o blusa. Las mayores usaban en invierno mantón, generalmente negro, y pañuelo en la cabeza, mientras las jóvenes empleaban la toquilla cruzada por delante del pecho y sujeta en la parte posterior de la cintura con un imperdible. El pelo invariablemente peinado con moño. La mayoría salían de casa con el llavín (así se llamaba  a la llave de la puerta de la habitación, para diferenciarla de la llave del portal, que generalmente era de un tamaño descomunal) y para no perderlo, se lo ataban a la cintura con la cinta del delantal; por esto también se les llamaba “las chicas del llavín” […].
En general, tenían de asueto una tarde cada quince días si durante ambas semanas no había días festivos. En caso contrario, se alternaba un día festivo sí y otro no. La salida la hacían en las primeras horas de la tarde, tras haber terminado los trabajos de la casa y regresaban de 7 a 8. Esto era lo más corriente, aunque existían excepciones. Había algunas señoras que les hacían volver a casa a media tarde para preparar y servir el chocolate”.J. J. Arazuri

"...En todas partes y en todas artes y manufacturas es mayor el jornal del hombre que el de la mujer porque ésta sólo tiene que atender ordinariamente a su propia manutención y aún muchas de ellas a sólo su vestido porque las mantienen sus padres, hermanos y parientes y los hombres tienen que mantenerse a sí mismos, a su mujer, a sus hijos y aun a sus madres, suegras o hermanas; y aunque esta diferencia de jornales influye mucho en el aumento o rebaja de precio de la manufactura, también influye considerablemente en el interés del Estado que sean hombres y no mujeres las que las hagan, porque la población se aumenta con una familia en cada uno de estos jornaleros, al poco que se disminuye cuando son laborantas de cigarros las mujeres, las cuales saben que son despedidas cuando se casan y sólo aspiran a manternerse solteras, tal vez con una vida inmoral y relajada." (Sevilla 10 de outubro de 1807, Correspondencia de J. Espinosa a M. Cayetano Soler) .

"Si los higienistas y moralistas que proscriben y condenan el uso del tabaco logran salirse con la suya, desaparecerá uno de los más curiosos tipos femeninos: la cigarrera. Porque de la elaboración del tabaco viven millares de infelices mujeres, y este vicio del cigarro es de las pocas malas costumbres masculinas que no redundan en el daño del sexo femenino. ¡Cuán escasos recursos brinda la sociedad a la mujer! ¡Cuán escasos son los oficios a que puede dedicarse!". Emilia Pardo Bazán


"En la palabra modista hay infinita variedad, el tipo cambio, crece, mengua, se metamorfosea de un modo especialísimo, desde la obrera modista, que por un módico jornal acude invariablemente durante el año, al taller de la maestra, a la modista establecida encargada de vestir, bien sea a la modesta clase media, o a las clases más elevadas de nuestra sociedad". Josefa Pujol de Collado

"...la modista es hija de honrados jornaleros, que en su afán de dedicar a su hija a una industria lucrativa y poco penosa, la colocan desde sus mástiernos años en el taller de una modista, donde vé transcurrir sin zozobras, pero también sin goces, una no pequeña parte de su vida". Josefa Pujol de Collado


Sobre a mestra rural: "Preciso es confesar que únicamente el modesto carácter la probada paciencia de la mujer, puede animarla á seguir una carrera, cual perspectiva en la profesora rural, es la de enterrar los años más hermosos de su juventud, en una mísera aldea, por una exigua retribución, que no alcanza ni con mucho a satisfacer las más apremiantes necesidades..." Dolores Moncerdá de Maciá.
Sobre a mestra de cidade: "Algo nos toca decir de la maestra de ciudad, la que, tanto si está instalado por cuenta propia, como si pertenece a la sección de instrucción pública, es a no dudar, la aristocracia de la clase. Inteligente, virtuosa y activa como la rural, ya que como hemos dicho en otro lugar, en punto a buenas costumbres, no existen excepciones entre ellas, está exenta de intrigas y pequeñeces de los pueblos, y con completa convicción de su propio mérito, no tolera las impertinente exigencias a que forzosamente se ve obligada la profesora rural. Mejor retribuida y más considerada, vive con cierta opulencia y se presenta en sociedad a la altura del cargo, que preciso es convenir, desempeña no solamente con pericia sino con verdadero amor; dedicando todos sus esfuerzos a la mayor perfección de su escuela, sintiendo por sus discípulas, un tierno cariño y una maternal vanidad, cuando ve aprovechadas en aquellas juveniles inteligencias, los frutos de sus estudios y desvelos".Dolores Moncerdá de Maciá.






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