UNHA NOVA VIDA FACENDO CHISTERAS


"Hay quien puede pensar que la de sombrerero es una profesión de la primera mitad del siglo pasado, cuando casi nadie, especialmente los hombres, salía a la calle sin cubrirse la cabeza. La mayoría de las tiendas donde vendían chisteras, fedoras, borsalinos y clochés han desaparecido, pero no del todo. Quién lo iba a decir, en Cambados, una población pequeña y alejada de la élite de la moda, ha abierto una de las pocas sombrererías que se pueden encontrar en Galicia. Mi Princesita Kuki nació hace un año de forma modesta, con un local escondido en una pequeña calle cuyo escaparate se adorna con virguerías. Son las creaciones de Noelia Valle y Araceli Carro, dos cambadesas que decidieron apostar por este mundo sin tener ni idea de donde se metían. Sí les gustaba el dibujo, las manualidades e iban haciendo sus cositas como aficionadas, pero nunca habían trabajado profesionalmente en el mundo de la confección. Una provenía del sector de la telefonía móvil y la otra de una empresa de transportes y, cosas de la crisis, acabaron confluyendo en un proyecto común.

En Septiembre del 2014 se fueron a Madrid para asistir a un curso intensivo de sombrerería y tres meses después abrían su negocio. "Cuando nos metimos en esto nos llamaban locas", relata Noelia. Pero hicieron oídos sordos y siguieron adelante con esta aventura. Como si de músicos de banquete se tratara, su negocio pivota alrededor de tres iniciales, lo que algunas llaman la BBC: bodas, bautizos y comuniones. Pocas ocasiones hay para ponerse un sombrero o un tocado si no es a propósito de una ceemonia o fiesta, pero esta realidad empieza a cambiar. "Cada vez hay más aceptación entre la gente para llevar algo diferente por la calle". Cada vez hay menos corsés y menos prejuicios a la hora de vestirse y los somberos y tocados están pasando, poco a poco, a engrosar el fondo de armario del común de los mortales. Además, Noelia y Araceli ofrecen un producto a medida. "No todo el mundo encuentra un gorro que le siente bien porque no todo el  mundo tiene la misma cabeza. La media está en 57 centímetros pero, sobre todo en los hombres, los hay que no encuentran nada que les sirva".

Noelia y Araceli se consideran, por encima de todo, artesanas. Lo hacen todo a mano y con productos naturales y parten de creaciones propias en las que caben, también, aportaciones de los clientes. "De hecho, hay mucha gente que llega con una idea y sale con otra", explica Araceli. Ellas fabrican pero también asesoran porque ni todas las caras ni todos los peinados se prestan para llevar una pamela o un bombín.

En sus sombreros hay fieltro, cuero, plumas, terciopelos, buntal, bukrham, sinamay de seda, flores preservadas, porcelana fría....Utilizan las técnicas heredadas de su mentora, la experta búlgara que les impartió el curso exprés en Madrid. "Por el norte de España hay muy poco en sombrerería y tuvimos que ir allí para aprender". El resto es autodidactismo, talenyo "y mucho esfuerzo".

En su taller se trabaja como antaño. "Es todo súper puro y artesano, utilizamos hormas de madera talladas atesanalmente. Podemos decir que nuestra manera de trabajar es un poco arcaica", explica Noelia. Por ejemplo, en la confección de un sombrero de fieltro no emplean menos de tres días. "Hacen falta dos días para el secado y al tercero podemos terminarlo", pero el proceso se puede alargar más en función de los detalles que se incorporen después a la pamela o al plato.

Y con tanta exclusividad, ¿hay bolsillo que alcance para hacerse con una de estas exquisiteces? "Todo depende", explican las creadoras. En su atelier se pueden encontrar gorritos de bebé por 46 euros y un sombrero exclusivo de piel de conejo por 150 euros.

De la sombrerería han dado paso a otros complementos, de modo que también ahcen todo tipo de tocados, joyas, cinturones y hasta pajaritas para ellos.
La Voz de Galicia
Bea Costa

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