SOFÍA LIÑARES: "NON HAI PRESIÓN, HAI QUE ESFORZARSE"


"La suya es una historia que podría haberse inspirado en la que relata la película de Stephen Daldry Billy Elliot. Ambos tenían un sueño: ser alumnos del Royal Ballet de Londres. Los dos lo  lograron con esfuerzo, con trabajo. La diferencia es que Sofía Liñares Vázquez no nació en un pueblo minero del norte de Inglaterra, sino en A Coruña. Ahora esta joven de tal solo catorce años se ha convertido en la primera gallega en entrar en una de las escuelas de ballet clásico con más renombre del mundo. Y la Xunta acaba de otorgarle el Premio Extraordinario de Danza. "Estoy muy contenta. No me esperaba ganar ningún premio, estoy muy feliz por haberlo logrado", dice.

Tras acabar su primer trimestre en el centro reconoce que llegar hasta aquí no fue fácil. A los siete años entró en el Consevatorio Profesional de la Diputación de A Coruña, donde continuó hasta los catorce. Ahí forjó la base.

No le bastó con superar las duras pruebas para hacerse con una de las codiciadas plazas en el centro. Tuvo que conseguir 47.000 euros para pagar las clases. Familiares y amigos le ayudaron a cumplir su sueño. "Estoy aprendiendo un montón", indica. Ahora aún tienen que superar ocho años más de trabajo muy duro en esas aulas británicas.

Por la mañana tiene cuatro horas de estudio, como los que ofrece cualquier escuela de secundaria, y por la tarde, otras tantas de danza. Todo dentro del edificio georgiano White Lodge, en el parque londinense de Richmond. Ahí es donde van a clase los alumnos más jóvenes. La mayor parte también se alojan y, entre clase y clase, hay los que aprovechan para un partido de tenis en los jardines favoritos de la reina Victoria. "La experiencia es alucinante. Todo a mi alrededor es muy profesional", dice. 

Y se ha adaptado bien al cambio: "Aquí el tiempo es más frío que en Galicia, pero llueve más o menos lo mismo", dice, riéndose, mientras no deja de repetir que le encantan las clases. "Me parece que estoy muy contenta", añade.

En unas aulas por las que han estado grandes bailarines o coreógrafos como Margot Fonteyn, el ya retirado Anthony Dowell y la considerada como la bailarina británica de ballet más popular de las últimas décadas, Darcey Bussell, tiene la oportunidad de mantener contacto con estudiantes de Estados Unidos, Australia, Canadá y Japón. Todo es muy internacional.

¿Qué es lo que cuenta para ingresar en la escuela de tan alto nivel? El talento y el potencial que ven los profesores al hacer las pruebas. «La verdad es que no tengo presión, pero tienes que esforzarte mucho», cuenta la coruñesa. Pero, como añade, «cuando esto te gusta, da igual», porque en ballet lo pasa muy bien: «Es con lo que más disfruto». No hace falta que lo jure. El esfuerzo y el talento podrían convertirla en la próxima Svetlana Zakhárova o Tamara Rojo, dos de sus más admiradas y respetadas bailarinas.

Familia, amigos, buena comida, andar al lado de la playa... son algunas de las cosas que echa de menos. Sobre todo momentos como «cuando vas caminando por la ciudad y tienes al lado la playa y las vistas de A Coruña»".
Rita Álvarez 
A Voz de Galicia

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