COMPRA MENOS, VIAXA MÁIS.


"Invitan a viajar y no son una agencia, sino la Sociedad Española de Neurología. ¿Qué interés puede tener un colectivo investigador como este en meter el gusanillo por hacer la maleta? La respuesta, aseguran, está en nuestro cerebro. Con los años, se calcula que a partir de los 20, su plasticidad disminuye. La renovación neuronal es menos intensa, pero seguimos siendo capaces de aprender y de asombrarnos. José Manuel Moltó, doctor y vocal de este organismo, apunta que hay tres elementos para entrenarlo: "Enfrentarlo a la novedad, a la variedad y al desafío". Viajar, subraya "cumple los tres". Aprender nuevas calles, hacer un mapa mental de la ciudad que se visita o relacionarse en otro idioma son unos estímulos nada despreciables.

Viajar: Lifting mental

Xurxo Mariño, neurocientífico además de experimentado trotamundos, ultima las páginas de un libro de viajes sobre su historia recorriendo los continentes. Estuvo un año yendo de país en país así que al preguntarle por estos beneficios no tiene dudas. "As estimulacións sensoriais (visuais, auditivas, olfativas,...) e cognitivas (tarefas que requiren algún esforzo mental) son o alimento cotiá do cerebro. Ao viaxar increméntase a intensidade deses estímulos de tal xeito que se potencia a formación de concexións entre neuronas. Un cerebro con máis conexións é un sistema con máis recursos e con maior potencia de procesamento, máis resistente ao deterioro", explica.

Por tanto, aunque cuando se coge un avión por placer normalmente se busca desconectar, las neuronas hacen todo lo contrario a bajar el ritmo. "Ter máis conexións significa ter máis opcións para as distintas tarefas que realiza o sistema nervioso, como o almacenamento de recordos, a solución de problemas ou o desenvolvemento de ideas novas", añade Mariño. Retos a los que uno se enfrenta cuando averigua cómo regresar al hotel o ir a ese museo del que tanto le hablaron. El también investigador del grupo Neurocom de la UDC precisa: "Hai un aumento de conexións neuronais, o cal sempre é bo, pero non é sinxelo amosar que cambios concretos se producen nas capacidades mentais".

  Compras

Eso es lo que sobre ellas, practicadas de manera compulsiva, dice un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco si con ellas buscas sentirte mejor después de un mal día o rellenar un vacío. Compararon la gratificación que provoca viajar con la de comprar cosas. ¿La conclusión? Nos adaptamos rápido a esos bienes, las compras son cortoplacistas, la emoción que producen efímera, un amor pasajero. Con los viajes la sensación es diferente, más perenne. La clave de estas diferentes percepciones está en los recuerdos almacenados a largo plazo. "Somos la suma total de nuestras experiencias", dice en la investigación publicada en el "Journal of Positive Psychology" su responsable, Thomas Gilovich, que cree que las mayores inversiones deberían ir enfocadas a las vivencias personales.

Conocer lugares nuevos es un placer mental pero también un lujo. "Los elementos tangibles tienen una importancia relativa cuando no son necesidades primarias. Sino, la comparación es ridícula", opina Fernando Lino Vázquez, en alusión a la Paradoja de Easterlin: unos mayores ingresos no son equivalentes a una mayor felicidad en un país una vez que lo básico está cubierto.Vázquez es profesor de Psicología Clínica en la USC donde dirige un grupo de investigación sobre la prevención de la depresión. Viaja y sé feliz puede sonar a un eslogan simplista aunque la asociación no es del todo banal. Para justificar esta conexión apunta tres principios con los que trabaja la Psicología. El primero: "Uno de los mayores índices de predicción de la felicidad son las relaciones sociales. Cuando viajas te expones a conocer gente, ampliar contactos". Segundo: "Nos exponemos también a una serie de vivencias que pasarán a ser parte de nosotros. Los bienes materiales no. No impactan en nuestra forma de ser o pensar". Y tercero: "Hay algo que influye mucho en nuestro estado de ánimo, lo que llamo vitaminas emocionales. Una escapada, pero también una charla interesante o una puesta de sol. Cuando revives esos recuerdos gratificantes también recuperas la emoción que causaron", subraya. La relación viajes-felicidad no es tan simple como puede parecer de primeras. Aunque no siempre es idílica, el estrés y los agobios pueden surtir el efecto contrario. "A la gente le cuesta entender que la felicidad es transitoria y que las emociones están hechas para fluctuar. La obsesión por buscarla de forma constante, como se presume muchas veces en las redes sociales, es casi el primer paso para no alcanzarla, no nos fijamos en esos pequeños momentos". Los que, cuando termina el día, nos hacen pensar que ha valido la pena".
La Voz de Galicia
Mila Méndez, 31 de xullo 2016


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